Mallorca
¡Felicidades, llenas de esperanza!
No imaginábamos hace un año, cuando nos deseábamos unas fiestas navideñas llenas de felicidad, paz y concordia, encontrarnos con un año nuevo, 2020, tan afectado por una pandemia inesperada y que en estos momentos todavía está rebrotando en tantos lugares de todos los países del planeta, contagiando el virus sin ningún tipo de discriminación entre razas y pueblos, niveles económicos, ideológicos y de creencias.
![[Img #44967]](https://mallorcactual.com/upload/images/12_2020/1236_felicitacio-de-nadal-del-bisbe-de-mallorca-mons-sebastia-taltavull_670.jpg)
Durante todo este tiempo hemos aprendido mucho, a la vez que hemos padecido con los que padecen y hemos llorado con los que lloran. A pesar de todo, hemos querido vivir de manera intensa la solidaridad que nos ha abierto con empatía a los «demás» hasta pensar que tenemos que saber convivir entre «nosotros» porque unos y otros nos necesitamos, que nadie se salva solo.
Desde nuestra amada tierra de Mallorca, conscientes de la situación que vivimos, quiero hacerte y haceros llegar el mejor deseo de felicidad y ferviente plegaria por una definitiva desaparición del COVID-19, de todos sus rebrotes y consecuencias, un deseo para estas fiestas y para todo el año nuevo que ya está aquí. Me uno a todos vuestros deseos de bien y al deseo manifestado por el papa Francisco cuando dice que «pasada la crisis sanitaria, la peor reacción sería la de caer aún más en una fiebre consumista y en nuevas formas de autopreservación egoísta» y que «ojalá que tanto dolor no sea inútil, que demos un salto hacia una forma nueva de vida y descubramos definitivamente que nos necesitamos y nos debemos los unos a los otros, para que la humanidad renazca con todos los rostros, todas las manos y todas las voces, más allá de las fronteras que hemos creado» (FT 35). Para que sea una verdadera Navidad, ¡hagamos muy nuestro este deseo de renacer!
Celebrar el nacimiento de Jesús es poner en valor la intervención de Dios en la historia de la humanidad, haciéndose uno de nosotros, más aún, el Dios-con-nosotros, el Emmanuel. Las palabras proféticas de todo tiempo de espera, la oración, la comunión fraterna y la fe, nos animan a no tener miedo, a recuperar la esperanza, a acompañar la soledad, a confiar entre la incertidumbre, a poner consuelo en la enfermedad y fortaleza en cualquier circunstancia adversa. Lo necesitan los enfermos, los ancianos que están solos, los que no tienen trabajo, los empresarios que no pueden reflotar sus negocios, los que tienen que pedir el pan cada día y aquellos a quienes sus ingresos no les permiten mantener con dignidad a su familia, los migrantes y refugiados a los que no les son reconocidos sus derechos, los jóvenes que ven muy gris su futuro, y tantas personas que desde hace tiempo pasan ansiedad, depresión y son víctimas de la indiferencia y la discriminación.
Nuevamente el papa Francisco hace que nos demos cuenta de que «cada día se nos ofrece una nueva oportunidad, una etapa nueva. No tenemos que esperar todo de los que nos gobiernan, sería infantil. Gozamos de un espacio de corresponsabilidad capaz de iniciar y generar nuevos procesos y transformaciones. Seamos parte activa en la rehabilitación y el auxilio de las sociedades heridas. Hoy estamos ante la gran oportunidad de manifestar nuestra esencia fraterna, de ser otros buenos samaritanos que carguen sobre sí el dolor de los fracasos, en vez de acentuar odios y resentimientos. Como el viajero ocasional de nuestra historia, sólo falta el deseo gratuito, puro y simple de querer ser pueblo, de ser constantes e incansables en la labor de incluir, de integrar, de levantar al caído...» (FT 77).
Celebremos la Navidad con la devoción que se merece, en la intimidad familiar y comunitaria, con los hermanos y hermanas de fe y con los amigos y amigas de siempre, con los familiares, observando las medidas de prevención del contagio, y sobre todo «fent bonda [portándonos bien]», como decimos por aquí. Si valoramos lo que es esencial, podemos vivirlo con autenticidad y con la mayor alegría, la que nace del corazón, se contagia para bien y es uno de los frutos inequívocos del Espíritu del Señor.
Con todo mi afecto, recibe y recibid un abrazo fraternal,
+ Sebastià Taltavull Anglada
Obispo de Mallorca
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Durante todo este tiempo hemos aprendido mucho, a la vez que hemos padecido con los que padecen y hemos llorado con los que lloran. A pesar de todo, hemos querido vivir de manera intensa la solidaridad que nos ha abierto con empatía a los «demás» hasta pensar que tenemos que saber convivir entre «nosotros» porque unos y otros nos necesitamos, que nadie se salva solo.
Desde nuestra amada tierra de Mallorca, conscientes de la situación que vivimos, quiero hacerte y haceros llegar el mejor deseo de felicidad y ferviente plegaria por una definitiva desaparición del COVID-19, de todos sus rebrotes y consecuencias, un deseo para estas fiestas y para todo el año nuevo que ya está aquí. Me uno a todos vuestros deseos de bien y al deseo manifestado por el papa Francisco cuando dice que «pasada la crisis sanitaria, la peor reacción sería la de caer aún más en una fiebre consumista y en nuevas formas de autopreservación egoísta» y que «ojalá que tanto dolor no sea inútil, que demos un salto hacia una forma nueva de vida y descubramos definitivamente que nos necesitamos y nos debemos los unos a los otros, para que la humanidad renazca con todos los rostros, todas las manos y todas las voces, más allá de las fronteras que hemos creado» (FT 35). Para que sea una verdadera Navidad, ¡hagamos muy nuestro este deseo de renacer!
Celebrar el nacimiento de Jesús es poner en valor la intervención de Dios en la historia de la humanidad, haciéndose uno de nosotros, más aún, el Dios-con-nosotros, el Emmanuel. Las palabras proféticas de todo tiempo de espera, la oración, la comunión fraterna y la fe, nos animan a no tener miedo, a recuperar la esperanza, a acompañar la soledad, a confiar entre la incertidumbre, a poner consuelo en la enfermedad y fortaleza en cualquier circunstancia adversa. Lo necesitan los enfermos, los ancianos que están solos, los que no tienen trabajo, los empresarios que no pueden reflotar sus negocios, los que tienen que pedir el pan cada día y aquellos a quienes sus ingresos no les permiten mantener con dignidad a su familia, los migrantes y refugiados a los que no les son reconocidos sus derechos, los jóvenes que ven muy gris su futuro, y tantas personas que desde hace tiempo pasan ansiedad, depresión y son víctimas de la indiferencia y la discriminación.
Nuevamente el papa Francisco hace que nos demos cuenta de que «cada día se nos ofrece una nueva oportunidad, una etapa nueva. No tenemos que esperar todo de los que nos gobiernan, sería infantil. Gozamos de un espacio de corresponsabilidad capaz de iniciar y generar nuevos procesos y transformaciones. Seamos parte activa en la rehabilitación y el auxilio de las sociedades heridas. Hoy estamos ante la gran oportunidad de manifestar nuestra esencia fraterna, de ser otros buenos samaritanos que carguen sobre sí el dolor de los fracasos, en vez de acentuar odios y resentimientos. Como el viajero ocasional de nuestra historia, sólo falta el deseo gratuito, puro y simple de querer ser pueblo, de ser constantes e incansables en la labor de incluir, de integrar, de levantar al caído...» (FT 77).
Celebremos la Navidad con la devoción que se merece, en la intimidad familiar y comunitaria, con los hermanos y hermanas de fe y con los amigos y amigas de siempre, con los familiares, observando las medidas de prevención del contagio, y sobre todo «fent bonda [portándonos bien]», como decimos por aquí. Si valoramos lo que es esencial, podemos vivirlo con autenticidad y con la mayor alegría, la que nace del corazón, se contagia para bien y es uno de los frutos inequívocos del Espíritu del Señor.
Con todo mi afecto, recibe y recibid un abrazo fraternal,
+ Sebastià Taltavull Anglada
Obispo de Mallorca







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